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Cabina de cambios de la estación de ferrocarril - Gentileza José Luis Tejero |
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Cancha de paleta Colegio San Antonio - Gentileza José Luis Tejero |
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aérea de la Estación -Año 1928 Gentileza Flia. De Souza Benito/Raffaelli |
Vista
aérea de San Antonio de Padua - Año 1930 Gentileza de Ezequiel Fresquet |
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Almacén "El Salvador" de Antonio Mazzotta y Domingo Loiacono
(Av. Rivadavia e/Hortiguera y Cuyo - Ituzaingo) . único almacén y teléfono que había en esa época en el pueblo. Gentileza de Sras. Dora y Norma Mazzotta |
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Estación de Servicio
"YPF", ahora "SARAFE" ( Av. Rivadavia esq. Barabino)
Gentileza de Sras. Dora y Norma Mazzotta |
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Unica línea de colectivos en Padua Sur - Año 1939
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Escuela Nº 10 - Calle Zárate
Década del '50 |
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| Estación de Ferrocarril - Linea Sarmiento | La Camila: uno de los primeros transportes escolares- Año 1940 |
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Parroquia San Antonio de Padua
- Una de las primeras postales - 24/8/39
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Av. Rivadavia esquina Ayacucho
y Noguera
Gentileza de Sra. Inés Lossmann |
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Reseña sobre la vida en San Antonio de Padua del ayer.
"Voy a referirme a los primeros años de la década de 1940 de San Antonio de Padua, son los recuerdos de mi niñez, cuando comenzaba la escuela primaria. En ese entonces, la antigua estación del Ferrocarril, con andenes mucho más cortos y escaleras sin techar, con una sola boletería, era casi siempre atendida por el Jefe, quien se domiciliaba frente a la estación, en Rivadavia, en ese viejo chalet de techo de chapa que aún hoy podemos observar y que pertenecía al Ferrocarril, en esos tiempos, propiedad de los Ingleses. Algunos metros hacia el este, entre la estación y Rivadavia se hallaba un gran ombú muy famoso a quien los pobladores consideraban casi como un monumento nacional. Las pocas casas se encontraban bastante dispersas. El único asfalto era el de Rivadavia, donde circulaban las únicas líneas de colectivos “La Lujanera” y la Línea 136 que hacía el recorrido de Primera Junta a Merlo, eran pequeños colectivos de color gris. La importancia del lugar, distinguiéndolo de los otros pueblos, estaba dada por la Iglesia, a la que podía llegarse por una calle mejorada de Macadam (actual Lambaré) y el Golf Club frente a la estación, con 18 hoyos, considerado en la época el más grande de Sud América. Las esquinas se encontraban iluminadas con pequeñas lámparas solo en algunos lugares que no llegaban a mas de 3 ó 4 cuadras de la estación. Respecto de la enseñanza recuerdo la Escuela N° 9 (Mixta) sobre Lambaré, que por supuesto era mucho más pequeña que hoy y la escuela para varones que se encontraba en la misma iglesia y la de niñas que funcionaba en un convento cercano a la Iglesia, ubicado sobre la misma calle Centenario. Era atendida por Monjas de origen yugoslavo que recuerdo se esmeraban muchísimo en la enseñanza. Vienen a mi memoria la Hermana Superiora María, la Hna. Susana, Hna. Inés, y Hna Carmen. Eran consideradas de gran relevancia las fiestas patrias, la de fin de curso y algunas fiestas religiosas en especial la de San Antonio, se celebraban en el salón de actos que posee la Iglesia; al concluir, se regalaban golosinas a los niños y se proyectaban allí mismo películas de Carlos Chaplin o de dibujos animados y finalmente al oscurecer- frente a la parroquia, se realizaban fuegos artificiales. El único lugar de esparcimiento para los niños estaba en un terreno baldío frente a la Iglesia, allí había un tobogán, una hamaca y unas barras de caños para hacer gimnasia. Existían muy pocos comercios, la mayoría almacenes. Sobre Rivadavia las dos únicas panaderías, una ferretería corralón y una librería-mercería. Los propietarios de esta última se llamaban Romaguera. Recuerdo que en una oportunidad la Sra. nos comentó que no debíamos quejarnos de tener que caminar tantas cuadras para ir a la escuela ya que ella que había pasado su juventud en Merlo tuvo que hacerlo a caballo hasta Ituzaingó donde se encontraba la única escuela. En Sullivan y Belgrano se encontraba el almacén “del Golf” del Sr. Suarez, era el más importante de la zona, allí había un “café”, algunas mesas y también una mesa de billar que era el único lugar de distracción. En ese mismo sitio se encontraba la Estafeta Postal, a la que debíamos concurrir para consultar si nos había llegado alguna carta. También había un teléfono, aunque lamentablemente poder comunicarse era una odisea; primero debíamos esperar a que la telefonista nos llamara para solicitar el número y luego volver a esperar hasta que nos lograba conseguir la comunicación y rogar que no coincidiera con el paso de algún tren eléctrico (que pasaban cada 30 minutos) y/o algún carguero que con sus 48 vagones se desplazaba a paso de hombre. Desde ya el teléfono era modelo propio de la época y apenas se escuchaba la voz. Había carros a caballo que pasaban 2 o 3 veces a la semana trayendo todo tipo de mercaderías a domicilio de acuerdo al pedido. Recuerdo especialmente uno que llegaba desde un almacén de Ituzaingó, ubicado donde hoy se encuentra la Municipalidad, siendo el hijo del dueño quien hacía el reparto, este Joven fue quien luego se convirtió en Obispo de Morón, Monseñor Raspanti. Ahora voy a referirme al barrio donde me crié “La Loma” hoy llamado “Villa las Naciones” limitaba al sur con el campo del Golf y al Oeste por el campo “Centenario” que llegaba hasta Sullivan, allí existía un tambo y, en el campo donde se formaban pequeñas lagunas se podía ver pastar vacas y algunos caballos. En el lado Norte se encontraba una gran quinta, cultivada, rodeada de altos eucaliptos, cuyo dueño fue don Pedro ORGAN, persona que gozaba de gran popularidad en todo Padua. Por el lado Este, estábamos cercados por el campo de Melano donde también había algunas vacas. Para llegar a la estación de Padua existía una sola salida; la que hoy es la calle Acevedo, cruzada por el arroyito sobre el que había un pequeño puente de madera. Demás está decir que en los días de intensa lluvia parte de esa calle se anegaba y debíamos transitar por el agua que nos llegaba hasta las rodillas. Algunas calles tenían cruces en las esquinas formados por tres hileras de adoquines para poder cruzarlas. En algunas veredas se encontraban caminitos hechos con ladrillos y cemento bordeando la calle Acevedo (camino obligatorio que debíamos tomar), cercado con plantas de maclura, cañaverales y otros tipos de plantas que daban un toque muy pintoresco al lugar durante el día, pero así también producían que reinara una absoluta obscuridad durante la noche. Esta vereda se encontraba cercada por varias hileras de alambres, para evitar que algún animal suelto obstruyera el paso. Llegaba hasta la calle hoy llamada Zárate, donde se encontraba un pequeño molinete de madera, lo que motivó que durante varios años a esa esquina se la llamara “la esquina del molinete” tomándola como punto de referencia ya que las calles no poseían nombre. Para concurrir a la escuela indefectiblemente se debía caminar, aunque los más pequeños teníamos nuestro “Colectivo Escolar” llamado “La Camila”, cuyo chofer era Don Miguel, por supuesto se trataba de un carro tirado por un caballo. Lentamente el pueblo fue progresando, sobre Rivadavia, a escasos metros de Ayacucho tuvimos la Sala de Primeros Auxilios” y un Médico, el Dr. Muratorio que en mas de una oportunidad en días de lluvia debía calzar sus botas e ir a pie a visitar sus enfermos y, finalmente comenzaron a aparecer otros negocios tales como carnicerías, tiendas y también una farmacia. A pesar de todos los inconvenientes, no dejaba de ser un lugar pintoresco y sobre todo muy tranquilo, donde no existían hechos delictivos de ningún tipo, viviendo todos en armonía, en un ambiente totalmente familiar. Los rematadores, por supuesto no dejaban de halagar el lugar, hablaban de la arboleda formada por diversos ejemplares y de la pureza del aire. Por tal motivo la denominaban CORDOBA CHICA”. Agradecemos la colaboración en esta sección de la Sra. Inés Lossmann que aportó sus comentarios y fotos. |
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